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viernes, 12 de marzo de 2010

Cinco cosas peligrosas que debe permitir que haga su niño

24 FEB 10

Sobreprotegidos (e infelices)

Las actividades temerarias que se llevan a cabo en la infancia contribuyen a abrirnos los ojos, a que le perdamos miedo al mundo.


MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO / EL PAÍS - Cultura



Desde el célebre arranque de Anna Karénina sabemos que todas las familias felices se parecen y que las desdichadas lo son cada una a su modo. Pero hay algo en lo que tanto las dichosas como las desgraciadas coinciden, sea cuál sea el ámbito en que se desarrollan: la protección de los hijos.



La intensidad de esa protección es lo que ha variado extraordinariamente a lo largo del tiempo, y sigue haciéndolo de uno a otro contexto. Cuando yo era niño montaba en bici sin usar casco, usaba un tirachinas con el que logré notable precisión y encendía hogueras en la playa, igual que los exploradores de las películas hacían en la selva con el fin de mantener a raya a los animales salvajes o a las sanguinarias tribus hostiles (los niños de entonces éramos incorregiblemente colonialistas). Todo eso ocurría al menos durante el verano; de vuelta a la ciudad mis libertades -igual que las de mis amigos- eran severamente cercenadas, y ya no podía jugar en la calle.



La infancia siempre ha sido la edad más peligrosa. Es cuando más se aprende, y no hay aprendizaje que no implique riesgo. Además de divertidas, las actividades temerarias que se llevan a cabo en la infancia contribuyen a abrirnos los ojos, a que le perdamos miedo al mundo. Transgredir las medidas cautelares con las que los adultos protegen a los niños es, a veces, aunque a los primeros les cueste reconocerlo, un modo de explorarlo. Los mejores padres también lo saben (recuerdan su infancia) y enseñan a sus hijos a comprender la diferencia entre peligro y riesgo, entre prudencia y cobardía, suministrándoles saber y consejo, no desconfianza o aprensión. Los padres, digamos, suficientemente buenos son aquellos que entienden (aún a costa de cierta angustia) que sólo asumiendo pequeñas responsabilidades (por tanto, riesgos) los niños crecen.



La sobreprotección de los pequeños es un preocupante problema de las sociedades avanzadas. En EE UU el deseo desmedido de evitarles a los hijos los peligros del mundo -que se resuelve en una exagerada "infantilización" de la infancia-, puede llegar a alcanzar extremos grotescos, incrementando artificialmente la vulnerabilidad de los niños. Una profesional acostumbrada a batirse el cobre en el implacable mercado laboral estadounidense me comentaba hace poco sin pestañear que no pensaba permitir que su sensible hijo acudiera a la ceremonia de entrega de premios de su colegio: no deseaba que los triunfos de sus compañeros crearan en su hijo una sensación de frustración o de duda en sus propias capacidades.



Quizás por todo ello resulta más explicable la intensidad del debate que ha provocado en EE UU la publicación de Fifty Dangerous Things You Should Led Your Children Do, de Gever Tulley y Julie Spigler, un libro que, tras ser categóricamente rechazado por muchas editoriales y ser finalmente editado a cuenta de sus autores, lleva camino de convertirse en un éxito de ventas. Las "cincuenta cosas peligrosas" que los padres "deberían permitir que sus hijos hicieran" son muy simples: desde encender hogueras hasta trepar por los árboles, desde desmontar aparatos eléctricos a conducir (acompañados) el coche familiar por un descampado. Nada que no hicieran o pudieran haber hecho Guillermo Brown y los "Proscritos", aquellos admirables héroes de mi infancia. Detrás de todo ello no está el capricho o la imprudencia, sino la idea de que el conocimiento se basa en la experimentación, y ésta implica libertad, sorpresa y riesgo. El objetivo debe ser enseñar a los niños a amar la vida -no a temerla-, permitiéndoles la autonomía suficiente, aunque eso implique un margen (controlado) de riesgo. Y es que, como decía Sartre (Las palabras) a propósito de la paternidad, qué bien está hacer hijos, pero qué iniquidad es "tenerlos".





Fuente: El Pais Madrid

viernes, 26 de febrero de 2010

No hace falta que seas un padre perfecto

Cuando te conviertes en madre o padre quieres ofrecer lo mejor de ti mismo a tu hijo que tanto adoras. Quieres darle las mejores atenciones para que se sienta querido, confortable, bien alimentado, comprendido, no pase malos momentos, y si sufre, aliviarle su pena lo antes posible. Centras toda tu atención y energía para que crezca feliz y a pesar de tanto esfuerzo y renuncias, en muchas ocasiones no ves cumplido tu deseo.

Entonces te preguntas, ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Cómo puedo hacerlo mejor? Inicias una búsqueda entre manuales educativos, revistas de infancia, Internet donde leer qué más puedes hacer para que tu hijo deje de llorar por todo, deje de estar enfado constantemente, se comporte mejor, no te desobedezca tanto, cómo ser una madre o padre más paciente, tolerante, con mejor humor. En definitiva, buscas saber cuál es la forma correcta de ser padre.

El hijo perfecto no existe y el padre o madre perfecta tampoco

¡Pero de la misma manera que no existe el hijo perfecto tampoco existe el padre perfecto. En el camino de educar nos vamos encontrando con multitud de obstáculos a los que no siempre sabemos cómo enfrentarnos. Vivir con niños o adolescentes es agotador y requiere poner mucho de nuestra parte: constancia, valor, sentido común, esperanza, alegría, corazón, etc.

Como seres humanos que somos, no siempre nos encontramos con las fuerzas suficientes para estar de buen humor ni con el valor suficiente de afrontar una situación que nos desborda. Pero se intenta disimular y no mostrar estas flaquezas a los hijos.

Los hijos necesitan padres y madres que se equivoquen o lloren

En el proceso de educar no hace falta que siempre sepas qué hacer ni que lo hagas de la mejor manera. Eso implica que no siempre estarás cariñosa, no siempre actuarás con paciencia, no siempre tendrás la respuesta y no siempre actuarás con amabilidad con tu hijo. Te puedes equivocar, puedes tener momentos de inseguridad y de enfado, incluso momentos de desesperanza. Y eso significa ser persona, ser padre o madre.

Mostrar tus momentos de flaqueza ante tu hijo será un gran aprendizaje pues él también tiene momentos de duda, tristeza, rabia, confusión y verlo en ti le dará una gran paz, además de sentirse más cercano y abrigado por ti.

Si les queremos ofrecer a nuestros hijos padres perfectos, les estamos pidiendo inconscientemente que ellos también sean hijos perfectos. Esta cadena de exigencias suele ofrecer mucha frustración tanto a los padres como a los hijos al no conseguir hacer siempre lo correcto y al no obtener los resultados deseados. Esta cadena pone mucha distancia emocional entre padres e hijos.

Mientras estás pensando en ofrecer a tu hijo la forma correcta de hacer, estás dejando de ofrecerle tu corazón y estás dejando de escuchar el suyo.

Cristina García

Pedagoga, educadora infantil y terapeuta gestáltica

edukame.com

jueves, 29 de enero de 2009

Definición de la diversidad, el prejuicio y el respeto

El estadio de fútbol americano de los Eagles de Filadelfia tiene capacidad para, aproximadamente, 70.000 personas. ¿Podrías señalar a tu hermano entre la multitud? Sí. Hay más de ocho millones de personas viviendo en la ciudad de Nueva York. ¿Podrías reconocer a tu mamá entre todas esas personas? Por supuesto. Y la población de todo el mundo es de más de seis mil millones. ¿Podría tu familia confundirte a ti con otra persona? ¡De ninguna manera!
Aunque, seguramente, haya una persona que se parezca a ti, tú eres absolutamente único y especial. Tu hermano, tu mamá y los demás miembros de tu familia también son únicos. Al igual que toda persona que alguna vez vivió, vive ahora o vivirá en el futuro. Interesante, ¿no?
¿Pero qué pasaría si todos fuéramos exactamente iguales? ¿Qué pasaría si todos habláramos y nos moviéramos exactamente de la misma forma? ¡Sería aburridísimo! Ya no seríamos únicos. Perderíamos nuestra singularidad. Perderíamos nuestra diversidad.


¿Qué es la diversidad?
La palabra diversidad se refiere a la variedad o el surtido de diferentes tipos de cosas. Piensa en cuántas clases de frutas, camisetas o libros existen. ¿Y qué tal la variedad que existe de casas y autos? O la increíble variedad de aves, plantas y peces que se pueden encontrar en todo el mundo.
De la misma forma, los seres humanos poseen una gran diversidad. Si bien nuestra estructura básica es la misma (todos tenemos una cabeza, un cuerpo, brazos, piernas y demás), hay diversidad en nuestro aspecto. La piel, el cabello y los ojos; todos tienen una gran cantidad de colores interesantes. Nuestros cuerpos también son diferentes en tamaño y forma. ¡Hasta nuestras huellas dactilares son únicas!
Las personas también son diversas en otros aspectos. Vivimos en diferentes sitios, tenemos diferentes tipos de empleo y vamos a diferentes escuelas. Tenemos una gran variedad de orígenes étnicos y creencias religiosas. Y hablamos diferentes idiomas, además de diferenciarnos en la forma de pensar y sentir.


¿Dónde puedo encontrar diversidad?
La diversidad, por supuesto, comienza en tu propia familia. Probablemente, compartes cosas como la forma de la nariz o la textura del cabello, pero cada persona sigue siendo diferente. ¡Incluso los gemelos son únicos!
Pero para realmente verificar la diversidad, observa en tu pueblo o ciudad y en tu escuela. ¿Cuántos tonos de color de piel puedes ver? ¿Cuántos colores de cabello y ojos? ¿Cuántas formas de cuerpo?
Luego piensa en las diferentes maneras en las que las personas de tu comunidad practican la religión, trabajan y juegan. ¿De dónde provienen sus familias? ¿En qué idioma hablan para comunicarse? ¿Cómo estudian y aprenden en la escuela? No es igual para todos: eso es seguro.
Toda esta increíble diversidad es lo que hace que, a veces, a los Estados Unidos se los llame "crisol". Esto significa que personas de diferentes razas, religiones y orígenes étnicos se han unido para compartir sus vidas. Los norteamericanos comparten una cantidad de creencias muy importantes: en la democracia, la libertad de expresión y el derecho de una persona a practicar la religión como lo desee. Estas creencias en común establecen los importantes cimientos sobre los que se construye una nación. Los norteamericanos sostienen estas creencias y las defienden.
Los norteamericanos también celebran su diversidad de culturas, sus distintos puntos de vista políticos y sus diferentes gustos a la hora de las comidas, el arte, la música y casi todo lo que se le pueda ocurrir a uno. Desde el nacimiento de la nación, estas diferencias han fortalecido y enriquecido al país. ¡La diversidad que los norteamericanos han valorado a lo largo de la historia tiene mucho que ver con hacer de este mundo un sitio emocionante e interesante para vivir!

http://www.kidshealth.org/kid/en_espanol/sentimientos/diversity_esp.html

¿Qué es el prejuicio?
Lamentablemente, no todos ven la diversidad como algo positivo. Junto con la diversidad, puede surgir el prejuicio.
Las personas expresan sus prejuicios cuando se forman una opinión negativa sin conocer todos los hechos. (¡Eso no es justo!) Estas opiniones pueden estar basadas en la raza, la religión o el origen étnico de otra persona. Pueden estar basadas en el sexo de una persona (si una persona es hombre o mujer), la edad, una discapacidad, o incluso el nivel de ingresos o el de educación. Entonces, el prejuicio se puede convertir en odio o trato injusto hacia una persona que pertenece a un grupo en particular.

¿Reconoces un prejuicio cuando escuchas su expresión?
Tan pronto como las personas se reúnen en grupo, las opiniones injustas comienzan a circular. Analiza los comienzos de estas afirmaciones; por ejemplo: "Todos los afroamericanos son..."; . "Todas las personas blancas son..."; . "Los católicos siempre..."; . "Todos los italianos..."; . "Todos los que están en silla de ruedas..."; . "Los pobres son..."; . "Las muchachas siempre..."; . o "Los ancianos son...".
Los comentarios de este tipo no guardan mucha relación con considerar a una persona como un individuo, ¿verdad? Por el contrario, el prejuicio divide a las personas en grupos y determina quién está adentro y quién queda afuera. En lugar de construir puentes entre las personas, el prejuicio levanta paredes. Por algún motivo, las personas que expresan prejuicios a menudo temen a la diversidad. En lugar de darle la bienvenida a la diversidad, estas personas les temen a otras que de alguna forma son diferentes o se sienten incómodas con ellas. Esta manera de pensar puede llevar al odio e inclusive a la violencia.

¿Qué es el respeto?
Pero hay otra manera de ver la diversidad en el mundo que nos rodea. Las personas que ven a los demás como individuos, en lugar de ponerles etiquetas de acuerdo con el grupo al cual pertenecen, demuestran respeto mutuo. (Algunas personas utilizan la palabra tolerancia para expresar la misma idea.)
El respeto mutuo significa estar dispuestos a aceptar las diferencias de las otras personas (incluso si se ven diferentes, si practican otra religión o si provienen de una tierra diferente). También significa tratar a las demás personas de la misma manera en la que deseas ser tratado tú.
¿Esto significa que deben tolerarse todas las formas de comportamiento?
¡De ninguna manera! Los comportamientos que faltan el respeto o lastiman a los demás, como ser vil o ser intimidante, o las conductas que van contra las reglas sociales, como mentir o robar, no deben tolerarse. El respeto tiene que ver con aceptar a las personas por lo que son, por la mejor parte de sí mismos (no con aceptar las malas conductas).

Poniendo en práctica el respeto
¿Pero no es más sencillo, simplemente, estar con muchachos y muchachas que son como tú? ¿Muchachos que tienen la misma piel y el mismo color de cabello? ¿Que hablan el mismo idioma? ¿Que piensan de la misma forma que tú?
Quizá sea más sencillo. Pero hacer las cosas de la manera sencilla también significa perderse otras. No aprenderás sobre diferentes culturas ni conocerás nuevas ideas, sitios o maneras de ver el mundo. También perderás la oportunidad de hacer nuevos amigos.
Llegar a conocer a alguien que es diferente de ti puede parecer un poco incómodo al principio. Así lo describe un niño llamado Mike: "Cuando veo a alguien que no es como yo, mi primera reacción es mantenerme alejado. Pero después de haber conocido a este niño realmente genial (que es completamente diferente de mí), he descubierto que todo el mundo está buscando un amigo".
Una sonrisa y un simple "hola" es todo lo que necesitas. Sólo hace falta que una persona dé el primer paso. ¿Por qué no tú?



Actualizado y revisado por: Neil Izenberg, MDFecha de revisión: abril de 2004

Primera revisión por: W. Douglas Tynan, PhD

http://www.kidshealth.org/kid/en_espanol/sentimientos/diversity_esp_p2.html